Todo comenzó el día que este mundo me vió nacer. Eso es algo que yo no estaba muy dispuesta a experimentar, pues esa bolsa con agua tibia era tan cómoda, que habría preferido quedarme ahí para siempre. Aunque si partimos del hecho que yo no conocía el exterior y mi naturaleza es ser curiosa, pues me decidí a seguir la luz y averiguar de qué se trataba eso. Pero, para no perderme y por si me daban ganas de regresar, pues me amarré el cordón umbilical al torso y me aventé.
Al médico que me vio nacer no le causó mucha gracia, por que eso complicó la madrugada lluviosa en que mi mamá llegó a ese hospital (y vaya que la vida ya era bastante compleja). Entonces, tomó unas pinzas con las que sujetó mi cabeza mientras hacía tres certeros y rápidos cortes a mi boleto de regreso a la comodidad; asegurándose de que yo ya no volvería a jugar a las escondidas tras la pelvis de mamá. ¡Pero la primera vez que me regresé era para mí la definitiva!, sólo que esos raros movimientos frenéticos me empujaron para fuera y el cordón me jaló hacia dentro y así no se cuantas veces (esque todavía no sabía contar).
La cosa es que pues ya, sin hacer más largo este relato, nací. Eran como las 3 de la mañana y estaba lloviendo. Posiblemente ese primer episodio de mi existencia fuera de la panza de mi mamá fue decisivo para mi perpetua forma de ver la vida, por que ahí se plasmaron mi mucha curiosidad y poco temor por lo desconocido, mi costumbre de casi siempre tener un plan B en caso de fallas (que no siempre funciona, por que luego te encuentras con unas pinzas que te sujetan la cabeza y unas tijeras en manos de un médico que cortarán el cordón en que confiabas); también en ese rato aprendí a hacer algo que todavía me sale muy bien: llorar. Otra cosa, es que desde ese día y hasta hoy, cada vez que las cosas se ponen feas y el plan B se frustra, termino rodeada de los brazos de mi mamá y con los ojos mojados en lágrimas, pero después de eso sé que viene el nuevo comienzo (en aquél entonces fue el primer comienzo, ahora ya perdí la cuenta de los que van en estos casi 26 años).
Sé que si me pongo a pensar un poco más y busco otras notables similitudes, o eventos proféticos de ese día, encontraré más de mi temperamento, carácter y personalidad; pero supongo que para tí (me conozcas en persona o no) esto deberá ser suficiente -por ahora-.